Teseo y el Minotauro

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egún el relato, Persifae, esposa del rey Minos de Creta, comenzó alguna vez a brindar creciente atención y mimos a un hermoso animal, un toro, hasta que se convirtió en una enfermiza obsesión; el rey estaba preocupado porque su esposa pasaba el día entero en los corrales del palacio. Hasta tal grado llegó la intimidad de la hechizada reina con el toro que un día se encontró con la fantástica realidad que estaba embarazada. El escándalo no estalla hasta el día del alumbramiento, cuando los asistentes contemplaron atónitos una criatura con cabeza de toro y cuerpo de hombre, evidentemente ese monstruo no era un nuevo hijo del rey y era por demás evidente de quien lo era.
El rey Minos, al principio no supo como reaccionar, pero luego comprendió y aceptó el castigo divino. Entonces, decidido a esconder y lapidar por siempre este infausto suceso, después de meditar un plan, envío por Dédalo, que era el mejor arquitecto y escultor de la época. No había nada que su inteligente cerebro no pudiera inventar y que sus hábiles manos no pudieran realizar. Dédalo acudió al llamado junto a su hijo Ícaro. El rey Minos lo contrató para construir una prisión en forma de laberinto, lo más perfecto y seguro posible de manera que el que allí estuviera no pudiera salir jamás. Dédalo cumplió el encargo de construir lo que sería la residencia del monstruo, de la vergüenza, el toro de Minos o Minotauro.
El rey de Creta, quedó satisfecho por completo con el intrincado laberinto, pero Dédalo no, porque era prácticamente un prisionero del rey que tenía miedo que el arquitecto revelase el secreto. Un día, mientras Dédalo contemplaba a las aves marinas supo cómo podría escapar: deberían utilizar las alas de cera que había confeccionado para Ícaro; sólo tendrían que esperar el momento oportuno.
Minos, guardó como un secreto de Estado el origen del monstruo, pero ordenó que cada año bisiesto, siete doncellas vírgenes serían sacrificadas, ofreciéndoselas al Minotauro como homenaje y en recompensa por las ofensas hechas a los dioses del Olimpo. Como ustedes comprenderán, la ordenanza real no era muy popular y cuando llegaba el día de la ceremonia de sacrificio, las familias y amistades de las doncellas escogidas estallaban en dolor, llanto e impotencia ante el poder del ejército real, que se encargaba de cumplir a sangre y fuego la cruel orden. Pero todo mal tiene un remedio, y este se llamó Teseo, un día llegó a Cnosos el joven héroe, el justiciero del oráculo de Delfos, el de las sandalias doradas y la espada mágica, el más valiente de todos los guerreros, el que podía derrotar a cualquier gigante o dragón; entonces un simple torito no lo asustaría y más bien se encolerizó cuando recibió la noticia del terrible tributo y más aun cuando fue escogida como una de las doncellas que iban a ser sacrificadas, nada menos que la hermana menor de su mejor amigo. Sin lugar a dudas había llegado la hora de terminar con el cruel ritual. Partió decidido rumbo al palacio del rey Minos, donde casualmente fue recibido por Ariadna, y de inmediato surgió una gran atracción entre ellos, que permitió a la joven princesa comprender los airados reclamos de Teseo y le manifestó que estaba segura que su padre lo dejaría encontrarse con el Minotauro, pero aunque lo venciera no podría salir nunca del perfecto laberinto. Entonces Teseo solicita ayuda y Ariadna acepta ser cómplice en esta aventura contra su padre y entrega al joven héroe un ovillo con hilo de oro que debería ir desenrollando en su camino rumbo al duelo con el monstruo, que se realizaría en el mismo centro del laberinto. Los dos jóvenes planearon toda la operación y la realizaron exactamente, el rey Minos aprobó el duelo de Teseo con el Minotauro, teniendo la certeza que en el muy improbable caso que Teseo derrotara al fantástico ser, no podría salir jamás del laberinto y nadie se enteraría del resultado de la pelea. Teseo, entró y luchó en un largo y sangriento combate con el Minotauro, hasta que su espada mágica pudo más que los afilados cuernos y mató al monstruoso toro, después pudo volver recorriendo el camino a la inversa siguiendo el hilo de oro que le había proporcionado Ariadna, pero todavía quedaba el problema de burlar a los soldados de Minos que prácticamente rodeaban el laberinto de Cnosos. Escondidos en un lugar secreto cerca a la salida lo esperaban Ícaro y su padre Dédalo, con sus alas de cera desplegadas para ayudarlo en la huida, de improviso llega a la escena Ariadna y reclama que la lleven también a ella, por que pronto el rey Minos se enteraría de su traición y sería severamente castigada. Teseo accedió a la petición y los cuatro volaron hacia la isla de Rodas pasando sobre los atónitos guardias reales que no pudieron intervenir.
Teseo y el Minotauro. Autor desconocido.

Conocer a la bestia

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cuál es la bestia? ¿quién o qué el enemigo?
¿a qué nos enfrentaremos?... ¿a la sociedad? ¿al capitalismo salvaje? ¿a la religión?
En parte a nosotros mismos en tanto y en cuanto tiene que ver con el colectivo al cual pertenecemos.
Un discurso, una mente dentro de la mente, una consciencia en la consciencia, algo que piensa con frecuencia por nosotros, nos ordena, nos impone, coarta nuestra libertad, establece lo bueno y lo malo, nos incita a aventarnos al vacío haciéndonos creer que no moriremos... pero no, no es el diablo, satanás, lucifer, mefistófeles, belcebú, mandinga ni ninguna de las clases menores de demonios como el coco, el silbón, la sayona o seres fantásticos de otro orden.
No se trata tampoco de ilusiones ni alucinaciones esquizoides que nos motiven a pensar en desórdenes de la personalidad; la locura no tiene aquí cabida, más aún, es ella la que nos permite separarnos de las nociones tradicionales y ver en el gran baúl donde se guardan los recuerdos. De acuerdo a mi criterio, existen tres tipos diferentes de "locos": el mental (con desórdenes psiquiátricos), el cultural y el social, cada una caracterizada de modo peculiar en virtud del ámbito o campo que las contiene. Trabajando, pues, la locura cultural es que podemos despegar de lo tradicional-convencional, desarticularlo, desestructurarlo y rearmarlo o simplemente producir una nueva estructura, claro está, bajo el riesgo de ser llamado (a mucha honra) "loco".
Existen en nosotros, entonces, ideas y conceptos que producen nuestra realidad y nublan nuestro entendimiento, actuamos y pensamos en función de ellos, determinan lo bueno y lo malo y empujan la actividad humana a producir según su criterio. Estas ideas y conceptos son especie de estructuras, redecillas, que se nutren y enriquecen con el pasar del tiempo de nuevas informaciones, van anexando, sumando conocimiento y experiencia. La estructura así construida funda la realidad y lo que atente contra ella, la haga tambalear, debe suprimirse, reprimirse, apartarse o aniquilarse.
No es fácil, de este modo, luchar contra algo que está en nosotros mismos, sin correr el riesgo de autoanularnos, pero la cuestión de capital importancia es si podemos reconstruirnos.

Inconsciente colectivo o cultura


¿Por qué no comenzar asumiendo, esta vez, que el inconsciente colectivo es la cultura? Dejemos los preconceptos atrás. La cultura es una abstracción inconsciente y colectiva, aporta ideas y se conforma de una especie de arquetipos, idola, memes, conjuntos de memes, redes de ideas, muchas de ellas actuando como virus que nublan el entendimiento y estrechan el panorama interpretativo.
¿Y el inconsciente personal cómo queda? ¿es análogo también de la cultura? Sinceramente eso es mucho más difícil de correlacionar; éste es mucho más particular, se nutre de la historia personal, mientras que lo que está en el inconsciente colectivo es producto de acuerdos no conscientes a los cuales se llega mediante el grupo, pero que terminan estableciendo una "estructura básica de personalidad cultural", una camisa que se pone por encima de la propia personalidad y filtra las proyecciones de ésta. Así la individualidad queda generalmente por debajo de lo cultural, siendo esto último como unos lentes oscuros a través de los cuales el color verdadero de las cosas cambia (para el observador). La cultura viene a ser, en este sentido, un marco regulatorio (clasificatorio, organizador,...) muy parecido al contrato social, pero escrito con tinta psi, a muchas manos y en papel virtual; es la tradición, algo como una norma no escrita, pero sobreentendida; el paso previo al contrato de nuestras sociedades, aunque no menos importante que la ley escrita, puesto que sus normas se cumplen fielmente y sin necesidad de cuerpos coercitivos. Podemos asumir, por lo tanto, que en el estado de vigila se registran gran cantidad de datos que son almacenados y clasificados en la memoria; otros datos, aparentemente menos importantes o quizá traumáticos, son igualmente registrados, pero de manera inconsciente, formulándose una amplia base de datos gestionada de modo muy singular. La nodriza o estructura cultural encuentra asidero en dicha base de datos gracias al lenguaje, es levantada a partir de los elementos allí alojados y, a partir de ella, el individuo queda "sujetado", como metido dentro de un gran armazón, un disfraz, mediante el cual interactúa con los demás.

La nodriza o estructura cultural expuesta


Extractos de La gran abeja en el jardín de los memes. La cultura revisitada, de Gabriel Oliveros D. (Julio, 2007):

La estructura etnocultural tiene dos componentes: el materializable y el inmaterializable, ambos permanecen como ideas en el cerebro humano, pero se establece una diferencia entre aquellas ideas que se pueden materializar o que conducen a objetos (producir una herramienta, una prenda, un vasija) y las que conducen a actos (o inmaterializables). Dentro de las últimas se encuentran aquellas ideas que pueden ser escenificadas o proyectadas mediante técnicas o métodos (ritos, danzas, teatro, tecnologías y, tal vez, una formación social) y las que pertenecen a lo abstracto propiamente (ideología, moral o valores, ciencia, sistemas de parentesco, contrato social), todas ellas, está de más decirlo, son perfectamente reproducibles una y otra vez e imitables, razón por la cual pueden formar parte del acervo cultural de un determinado grupo étnico, hecho que George Murdock denominó “aceptación social”.
Visto topológicamente, queda dibujada una gran estructura con un núcleo compuesto de material abstracto y al cual se van articulando nodos y ramas hasta llegar a las zonas de ideas materializables del aparato cultural, esto es a lo que Briceño Guerrero se refiere cuando dice que “La cultura interpone entre el hombre y la naturaleza una red simbólica, una rejilla clasificatoria”.
El hecho es que se dan ciertas condiciones en la mente humana que permiten la aparición y mantenimiento de ciertas ideas que, si bien por una parte conforman una red o rejilla simbólica captadora de sentido y permiten entender el mundo, pueden obnubilar el entendimiento o estrechar la apertura mental necesaria para llegar a nuevas formas de conocer, de interpretar, de interactuar o de interrelacionarse con el otro (incluyendo a la naturaleza). Tal rejilla simbólica atrapa entonces aquello para lo cual se ha estructurado, capta la información que “puede” atrapar y deja de lado la que no interesa, la que parece extraña, disparatada y, por tanto, la que puede hacer que se nos considere loco cultural.

¿Por qué el loco? ¿Factor de cambio?

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ólo para alimentar inquietudes, tomemos en cuenta algunas consideraciones (extractos) sobre el loco desde el punto de vista del esoterismo, donde no se ha despreciado su potencial. Aún incluso en las culturas no occidentales el loco es un ser privilegiado; extraño, pero privilegiado, el chamán.

"...símbolo manifiesto del alma humana en su peregrinar terrestre. El Loco que comienza el ciclo muestra el espíritu virginal desprendiéndose de la fuente original, conservando la pureza e ingenuidad de toda alma joven...
El Loco que finaliza el ciclo de experiencias, habiéndose desprendido previamente de su identificación con el mundo lleva consigo sólo aquello que le será necesario para recomenzar una nueva ronda evolutiva. En la India está representado por los renunciantes: personas solitarias que deambulan por las ciudades buscando su verdad interior, llevando consigo sólo lo necesario y fluyendo con la vida.
En el Medioevo, el Loco era un personaje atípico, un ser muchas veces deforme, o bien un enano, el bufón de la corte, -freak- un trovador sin destino fijo, alguien que generalmente no tenía posesiones, no pertenecía a nadie y de quien se desconocía su origen. Pero el Loco “bufón” escondía un milagro, en un mundo estructurado como el de la Edad Media - donde las clases sociales eran inamovibles - él podía llegar a la corte, estar el lado del Rey y burlarse de él sin temor al castigo. De forma tal que el Loco rompe con las estructuras pre establecidas, mostrándose genuinamente sin ningún tipo de máscara social.
El Loco es la conciencia de una vida aprisionada, donde todo corresponde al mundo de la formalidad, de lo socialmente aceptado, de los convencionalismos. Rompe con la rutina, conecta con personas que no corresponden al círculo de conocidos, con aquellos que pueden ampliar el campo de experiencia y confrontar al hombre con lo nuevo y la necesidad de dejar atrás lo caduco
es la potencia del alma, el yo superior, el Sí Mismo en la Psicología Junguiana, es todo lo que yace inconsciente que debe ser realizado.
Representa al ser humano cuando niño, sin los valores familiares, institucionales y sociales; es la esencia interna, el impulso inicial, el punto de máxima ingenuidad. Con el paso del tiempo y los condicionamientos socio-culturales ese potencial se puede ir deformando, olvidando y quedando latente, el hombre cree que ya no le pertenece, parece un sueño infantil.
El Loco es el indicio de que algo dentro está latiendo, es una energía de cambio muy fuerte, implica dejar atrás la vida que se ha venido llevando hasta el momento y comenzar algo nuevo.
Es la incomprensión de aquellos que se oponen al cambio y prefieren mantener las viejas estructuras, cobijados en la seguridad de lo conocido.
El Loco no tiene donde ir, donde llegar, no tiene horario, llega por casualidad. Cuando se detiene entonces se convierte en el Mago".

Puedes encontrar la versión completa en: http://laberintodearcanos.blogspot.com/2006/12/arcano-0-el-loco.html

Claves de la matrisocialidad

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e acuerdo a las características fundamentales del venezolano (occidentalizado), prela en nuestra forma de ser algo que ha sido llamado por el antropólogo y sociólogo Samuel Hurtado “matrisocialidad” (1998), que quiere decir la forma de establecer relaciones sociales en nuestro país, donde la figura materna juega un papel primordial y determinante (decisivo en el desenlace cultural).
A partir del ordenamiento de la nodriza cultural venezolana, que reseño con más amplitud en Estructura mítica y transformación etnocultural: el mito matrisocial (2005), he identificado algunos puntos neurálgicos que conducen a la articulación y presencia del Complejo. Resumidamente estos son:

a) Faltante de autoridad por parte del padre –la orientadora, y no la falsa autoridad (la represiva, el autoritarismo).
Ante la realidad siempre se reproduce en Venezuela una maniobra retrógrada o regresiva (no d-evolutiva) que lleva, bien por el flanco materno (volver al vientre) o bien por el paterno (éxtasis anómico), a reencontrarse con los primordios, restringiéndose a las redes del principio del placer. Mas por cada flanco el dispositivo placentero opera con lógicas distintas: por el flanco materno tiene un cariz bio-psíquico producto de la sobreprotección de la madre, quien consiente al hijo retrotrayéndolo de la realidad; y por el flanco del padre, como “colega” del hijo, la situación toma un aspecto sociológico toda vez que lo que identificamos como éxtasis anómico se produce por el gusto de permanecer al margen de la norma, sin compromiso ni responsabilidad, donde el padre colabora con la confusión que adquiere el hijo con la realidad a través de la situación de complicidad. Al mismo tiempo, su ausencia del hogar, bien por motivo del trabajo o por el vagar entre mujeres, forzará en la madre la aparición de una autoridad compensatoria cuyos contenidos siempre estarán, también, más próximos a la lógica de la complicidad (la alcahueta) y del autoritarismo.

b) Pánico a la realidad y faltante de rebelión en el hijo –no la rebeldía sin causa.
Apenas sabiendo caminar, mas no correr, el hijo sufre los embates de las caídas y no atina a comprender el porqué, pues su orientación fue deficiente y por tanto su capacidad crítica está disminuida. Así comienza a aparecer el miedo y que más tarde se convertirá en pánico a la realidad, puesto que el joven, acostumbrado a regresar a los primordios para aliviar su carga, no termina de enfrentarse directamente a los problemas. En la cultura matrisocial no se observa la avanzada sino el repliegue por miedo. Los venezolanos hacemos esperar al futuro. De ese miedo al porvenir se producen ansiedades, toda vez que la conciencia, manteniéndose viva y despierta, reconoce en lo profundo el extravío, pero opta por la fantasía, los sueños, lo milagroso, echando tierra a, o no queriendo reconocer, las duras verdades. Así, ante una disminución de la capacidad crítica se cierra el camino para el surgimiento de la rebelión, ese estar en contra de lo establecido, pero amparado por las buenas razones y la lógica, y aparece en su defecto la rebeldía sin causa: el estar en contra de todo y de todos sin razón aparente, simplemente “porque me da la gana”.

c) Sobreconsentimiento o sobreprotección por parte de la madre.
La madre venezolana es sobre-protectora, consentidora. Ella sólo representa el eslabón compensatorio por la ausencia (etnopsíquica) del padre. El consentimiento se refiere a la forma en que la madre se hace partícipe de los dolores o sufrimientos de su hijo, tratando en lo posible de aligerar su pesar. En nuestro caso, el exceso de consentimiento va a tener una lógica que apunta hacia una falta de amor verdadero, pues si se tratara de esto la madre daría los recursos posibles al hijo para que éste hallara su independencia, tal como el ave que arroja a sus pichones ya grandes del nido para que pierdan el miedo y aprendan a volar, a riesgo incluso de morir en el intento, pero a defenderse por sí mismos.

d) Ausencia de una situación cultural que favorezca el drama o propicie la tragedia social y complete el Complejo de Edipo.
Paralelamente a la situación familiar, ni nuestra cultura, ni nuestra sociedad en sí, nos aportan suficientes contextos apropiados para generar el drama o la tragedia social, esto es, la muerte metafórica del padre y la constitución del pacto societal. Hacerse mujer en Venezuela tiene sus ritos bien establecidos, en cambio, hacerse hombre apenas comporta experiencias de paso en la calle (no formales) por las cuales se abandona al joven a su suerte, a sobrevivir como pueda, en consecuencia, tienen dificultades para encontrarse y hallar camino a través de la sociedad. La desconsideración, pues, de políticas culturales adecuadas afectará en gran medida el desempeño social del colectivo, pero su ausencia es precisamente producto de la desorientación general que se vive dada la obnubilación generada por el complejo matrisocial.

Las serias travesuras de un loco

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Por qué es un loco aquél con cualidades extrañas o por encima de lo humano inmediato? Más allá de considerarlo como un cuerpo humano imbuido de un ser extraño, un poseso herético, el loco que queremos rescatar es un ser profundamente peligroso por alterar la estabilidad de la estructura cultural.
Este loco, quien en adelante calificaremos de cultural, reviste importancia de estudio en tanto y en cuanto sea capaz de influir sobre la nodriza o la molécula y transformarla, lo cual supone el estudio suplementario y simultáneo de la locura en términos de la transgresión de la nodriza cultural.
El loco cultural (en Venezuela) rompe pronósticos, va contra lo común, contra lo aceptado, es aquél quien de alguna forma, o en alguna medida, ha vencido el miedo a la realidad, tal vez atreviéndose a derribar el imperio semántico de la madre para lograr su autonomía.

Vuélvete loco ...si en verdad puedes

Extractos de La locura necesaria. Un lugar de quiebre cultural. Por Gabriel Oliveros D. Abril, 2008.

El
loco que apellidamos cultural no es, desde la perspectiva del sujeto, un extraviado; él mismo dispone sus cartas de orientación. Es un extraviado únicamente desde la perspectiva del colectivo, siempre en función de la cultura o la tradición. El loco cultural siempre se encuentra respetando la ley, las normas sociales, mas hace problema de su cultura y, en la medida que deja un vacío o un espacio por llenar entre su individualidad y lo social, en la medida en que echa otros puentes entre ambos mundos, queda ante la mirada de sus “semejantes” como un ser extraño, desarticulado, desencajado y, por tanto, solitario, deambulante
El loco cultural, pues, es portador de una llave hacia el cambio, hacia una sociedad diferente. Caracterizado en términos de su creatividad, su sentido crítico, su obsesión por un tema o arte e, incluso, su prodigiosa capacidad para improvisar, hacen de este personaje un ser con cualidades especiales, casi únicas.
Siendo un transgresor, permanece impune; la sociedad no le impone castigo.
El loco cultural, no es producto de una posible locura cultural, ni está afectado por ella, más bien es un transgresor, pero no social, un borderliner, un excéntrico (lunatic fringe).
El poder de este loco no es cosa vacua y débil; su poder es demoledor en tanto que atenta contra la estabilidad de la nodriza o molécula cultural, sus ideas novedosas resultan una conjura, su capacidad para ver lo que otros no pueden o no quieren es un sacrilegio, su atinada puntería al crear es un juicio aplastante. Toda vez que vence el miedo a la realidad aparece ineludiblemente el proceso creador en toda su majestad.
Al mismo tiempo que derrota el imperio semántico de la madre y establece la autoridad que falta por la vía del padre, el loco cultural encuentra su propio ser, queda en parte liberado, y su capacidad creadora, su sentido crítico, le convierten en un verdadero orientador y no en el autoritario del esquema matrisocial.

Elogio del Diablo

D
icen por ahí que la historia la escriben los vencedores.
Yavé escribió la suya.

Dicen también que los vencidos, que no escribirán ya más historias, están ensombrecidos, relegados al cajón oscuro del olvido, a la fría noche de la ignominia. Allí permanece de cabeza el señor de la luz, Lucifer. El ángel caído, el ángel vencido.

Enemigo de todos los tiempos del gran Yavé, el caído es en la historia un sin-historia, y nadie sabe más de sus razones que un ligero deseo de poder. Ambición. ¿Y para qué lo querría Yavé? ¿qué haría el viejecito implacable, luego tan sacrificado con el hijo, con tanto poder?

Sólo hasta caer la tarde, caminando por entre sus flores, se dio cuenta del hambriento mordisco de la creada, que de tan sabroso el fruto fue con el creado. ¿Por qué dicen que todo lo ve, que todo escucha, que todo lo sabe?

Si de los frutos de ese árbol no querías que comiera, por qué lo hiciste tan atractivo, para qué lo pusiste en medio del jardín que con tanto orgullo creaste, por qué no lo cobijaste de espinas, de esas mismas con las que adornarías la cabeza del cordero.

Estuvo bueno el fruto; el diablo tenía razón. Lo que me ha causado indigestión y dolor es aquello que pude recordar luego, aquello que me decías antes del pérfido bocado, aquella pendejada de henchid la tierra. Cómo lo habría hecho sin las dulzuras preliminares de aquella tierna manzana.

Ahora henchida, me pregunto qué he hecho y, más aún, me pregunto si tenías razón. Me pregunto en las tardes qué clase de dios eres que no te das cuenta de que henchir la tierra es destruirla, ultrajarla. Pero veo que así tratas a tu consorte, así a la mujer de la que arrancaste hijas e hijos. Así pagas a la mujer que te dio jardines y criaturas, mares y montañas bajo un mismo cielo pincelado para tu orgullo y vanagloria. Me pregunto qué clase de dios eres, también en la mañana, cuando leo, o veo, o escucho, o todo eso, las noticias y sé de tanta miseria e injusticia, y esos tantos te ruegan y alguien dice que tú los escuchas. Qué miserable eres tú, qué injusto eres tú, que no te conmueve el llanto de la madre que clama, o el grito de la niña manchada, o el sudor de las frentes azotadas, o el sufrimiento de las bestias explotadas, o el clamor de los bosques decapitados; esos también son tus hijos, esos también son mis hermanos y, al menos a mí, me duelen. Entiendo que como eres dios nada de eso te perturba.

Si este es tu reino, el que tú creaste, el que diriges con sabio y amoroso tino, qué será de uno que no dirijas. Me gustaría escuchar la opinión silenciada del diablo, la voz encarcelada del caído, la voz acallada, la no-voz, ese al que tus santos mientan señor del averno. Te confieso, aunque seguramente tú lo sabes antes de que yo lo diga, que me gustaría conocer los planes del diablo, echarle un vistazo a su proyecto, a su visión de mundo. En este yo conozco mujeres y hombres tan correctos que su corazón tan fariseo, tan falso, les gana un buen vivir; me gustaría conocer, en ese mundo del diablo, a un ser tan fariseo que su corazón tan correcto le obsequie la misma y placentera vida. ¿Cómo sería el mundo si gobernará el diablo y tú, amorosísimo Yavé, fueses el confinado, el proscrito relegado a las sombras?

Imagino que el diablo enviaría a su primogénito a disfrutar liberando a los mortales de esa enfermedad que llaman Bien –que, por cierto, aún en tu reino es enfermedad y cosa rara–, imagino que no lo enviaría a padecer en carne y alma el dolor que tú destinaste al tuyo, que si tanto amor te embargaba debiste encarnarte tú mismo y transitar el dantesco calvario que con gran sadismo preparaste. Así, después de muerto, verte resucitado te hubiera hecho más glorioso, habiendo escapado el mismísimo Yavé a las cadenas de su propia muerte; un magnífico e inigualable acto de escape, seguido del cual te verían tus hijas e hijos recorriendo el azul celeste en alguna de esas fogosas carrozas de máximo confort desde las que te ufanas mirando en derredor, con tu mentón levantado.

Pero ya que somos tan poca cosa para que tus inmaculados pies toquen el terruño humano, por lo menos evita, en lo futuro, tanto descaro y recuerda que los más ricos están mejor preparados y más apertrechados para recibir las desgracias naturales, que se les mandas casi todas a los más pobres, y ni hablar del resto de las desgracias, que alguno dirá porque son brutos los pobres, hechos como fueron a tu imagen y semejanza. Está hecho tu mundo, éste, para los inteligentes y abonados de razón, tanto que nada les importa devastar la tierra y padecer sus consecuencias; definitivamente son hijos tuyos, deslumbrantes de tanta magnificencia.

Yo que soy nada ante ti te aconsejo dejar de mentir y olvida aquella necedad de no odiar y de perdonar a nuestros deudores, recuerda que como reza tu santo bestseller tuyos son el día y la noche, el bien y el mal, los cuales conocimos por aquél antiguo mordisco. Ten presente que nuestros deudores, siendo astutos como serpientes, esperan les perdonemos para volvernos a deber y parecer a tus ojos limpios de pecado una vez perdonados. Si algo yo te debo, no me perdones; cómo podría desear perdón de un ser como tú, tan glorioso, tan espléndido. No te preocupes por mí; y olvida ese cuento del coco o el diablo con el que persigues incautos e inocentes.

Como seguro estoy que tu paraíso es ilusión de tontos, porque el que creaste hace miles de años ya lo volviste un asco, prefiero darle una ojeada al infierno, a ver si encuentro gentes sabias como las que se topó Dante, que apenas por no haber bañado sus frentes en aguas a ti consagradas los relegaste sin más a aquél círculo oscuro, sin juicio, porque tú eres grande. Y esa fue la ficción de Dante, pero tus santos la disfrutan y apoyan.

Seguro como estoy de que eres tan falso como un espejismo, ya no quiero recibir ni tu nombre, ni tu herencia, ni tu nada. Mi infinitésima parte guárdasela a los que más tienen, ellos, como lobas hambrientas, la ansían sobremanera. Desde ahora proclamaré el verdadero hogar, hijo de un verdadero padre, El Sol, hijo de una verdadera madre, La Tierra; ellos no se llaman porque no tienen nombre, a diferencia de ti que te haces llamar yavé, jehová, dios, señor. Ellos sólo están ahí, existiendo de alguna manera. Hereje e idólatra visión, sí, pero ¡cuánto la disfruto!

En cambio, tú yavé cuánto mal has hecho, protervo impostor, mira que nombrarte dios, mira que nombrarte dios único; cuánta modestia, cuán poca ambición, cuán buenas tus intenciones al dirigirnos como ratas enjauladas.

No lo olvides, la historia la escriben los vencedores, hasta que el diablo asoma la cabeza.

 
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